España sigue el camino de Dinamarca ¿a las puertas del fin del dinero físico?

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Jesús Pérez, presidente de la AEFI en Antena 3TV

Si salimos a la calle y preguntamos, podremos comprobar que el dinero “de plástico” va ganándo terreno al efectivo. El uso de las tarjetas de crédito se ha disparado y cada vez más, las compras se hacen con tarjeta. En España ya hay casi 75 millones en circulación y la cantidad media que gastamos con ellas es de 40€.  En 2016 se realizaron 3.000 millones de compras con esta forma de pago, un 13,5% más que hace un año.

Según Jesús Pérez, Presidente de la Asociación Española de FinTech e InsurTech (AEFI), “el dinero en efectivo va a desaparecer porque el dinero electrónico es mucho más cómodo”. Sin embargo, todavía hay quien se resiste a cambiar sus billetes por dinero de plástico. Así lo ha manifestado en los informativos de Antena 3TV.

Desde la AEFI, destacan que vivimos en una era de transformación en la que todo es digital.  En el año 2015, el efectivo fue el medio más utilizado a nivel mundial para los pagos, habiendo estimaciones que elevan hasta el 85% el número de transacciones realizadas por este medio y hasta un 60% del volumen del importe total. Pero la tendencia es menguante. Ahora hablamos de la digitalización del dinero y de los medios de pago, pasando de las cartillas a las tarjetas de crédito,, a las aplicaciones móviles y sistemas de pago de todo tipo. Entonces, ¿por qué no digitalizamos también las monedas y billetes? ¿Qué lo limita realmente?

Rodrigo García de la Cruz, vicepresidente de la AEFI y Director del programa Banca Digital: Innovación y Tecnología Financiera del IEB, explica que “determinar cuáles son los límites no es sencillo. Tenemos ejemplos de nuestros vecinos europeos como es el caso de Dinamarca cuyo gobierno quiere apostar por eliminar el efectivo del país y se ha propuesto acabar con él en los próximos meses. Se suma así a otros países nórdicos como Suecia o Islandia donde se facilita la desaparición del dinero físico al permitir abonar con la tarjeta cualquier compra, desde un café hasta unos simples caramelos”. En España, ya se abonan también los cafés mediante tarjetas.

¿Desde dónde puede llegar el fin del dinero físico? Hay tres detonantes que podrían acelerar este cambio.

Según García de la Cruz, el primero es tecnología y cómo ésta va transformando los medios de pago. Actualmente hay una interesante competencia entre las entidades financieras, las compañías de tarjetas de crédito (como Visa y Mastercard), las grandes tecnológicas como Google y Apple (con sus aplicaciones Google Play y Apple Pay respectivamente) y multitud de startups fintech con innovadoras iniciativas. Esto hace que haya una gran y heterogénea gama de soluciones sin que ninguna de ellas sea aún la líder indiscutible. Entre los proyectos más interesantes está el  de Visa que está trabajando en un sistema que permitirá realizar pagos directamente con el dedo utilizando un lector biométrico de las venas del mismo. O por ejemplo la aparición de la tecnología ponible o wearable technology también ha hecho que se desarrollen relojes, pulseras o anillos que permiten pagar directamente. Todo con el objetivo de que la experiencia de pago sea lo más sencilla y divertida posible. Habrá que analizar cómo en el futuro podría afectar al “descontrol” del gasto esta facilidad en el acto de pagar. Si nos cuesta menos pagar con la tarjeta de crédito que con efectivo, ¿se imaginan pagando todo simplemente con el dedo?

A lo anterior se le une el uso del móvil. En el mundo hay unos 2.500 millones de personas que no tienen servicios bancarios pero que, por el contrario, pueden acceder fácilmente a un teléfono móvil como es el caso de Ecuador, donde el 40% de la población activa no está bancarizada pero el 100% de los hogares dispone de un teléfono móvil. Esto va a facilitar claramente la transición del dinero físico al “dinero móvil”.

El segundo factor determinante del cambio son las famosas criptomonedas, encabezadas por el Bitcoin. Es posiblemente uno de los cambios más desconocidos a la par que disruptivos. Pero lo más atractivo y gran parte de la genialidad de esta moneda programable radica en su tecnología, la cadena de bloques o Blockchain. Es un libro contable descentralizado donde se registran todos los intercambios de una unidad de cuenta o bitcoin. De esta forma se permite por un lado, solucionar el problema del doble gasto en un sistema de pagos descentralizados, es decir que nadie utiliza el mismo dinero digital dos veces, y por otro lado también se elimina la necesidad de tener una entidad central que controle todas las transacciones. Esto es lo más parecido a tener un billete físico en un mundo virtual, puesto que cada moneda digital está numerada.

Todo esto ha hecho que el sector financiero haya puesto el foco en el Bitcoin como demuestra el hecho de que gobierno de Reino Unido creara hace unos meses un fondo de 10 millones de libras esterlinas para la investigación del Blockchain. Rusia a través de su mayor banco, el Sberbank, también creó un fondo de capital de riesgo de 100 millones de dólares desde el que apostará entre otras, en innovaciones que vengan de esta área que tengan impacto dentro del espacio financiero. O que hace un año, la startup americana de Bitcoins 21 lograra más de 116 millones de dólares en inversión.

El tercero y último detonante tiene que ver con el impacto fiscal y el fraude. La desaparición de las operaciones en efectivo permite un mayor control del capital evitando el blanqueo de capitales y la evasión de impuestos que genera la economía sumergida. Un país sin dinero físico no tendría más evasores ni problemas de pagos en “B”. Además se evitarían los atracos físicos aunque la piratería se pasaría al lado digital. Por otro lado, las entidades financieras y los gobiernos se ahorrarían mucho desde el punto de vista del gasto que genera la manipulación, el transporte y la custodia del efectivo.

Si bien no es fácil determinar cuándo desaparecerá el dinero físico, parece claro que está más cerca que nunca puesto que la tecnología ya proporciona todo tipo de soluciones a la hora de realizar pagos. Además los usuarios son cada día más digitales y más adictos al móvil, por lo que serán ellos los que tengan la última palabra a la hora de elegir el medio de pago. Si a todo esto le sumamos los desarrollos tecnológicos que ha traído el Blockchain, puede que la vida de los billeteros tenga los días contados.